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15 de marzo / 19 de abril de 2008
"Fotografías recientes"
Santiago Porter
 
La ciudad posmoderna alude menos a un nuevo estilo arquitectónico o urbanístico que a una nueva vivencia, nuevos modos de percibir y habitar nuestras urbes. No importa cuán antiguas y diversas, las ciudades hoy son experimentadas como una superficie escenográfica indiferenciada donde todos los fragmentos, desprovistos ya de raíces, parecen hilvanarse sin interrupción. Inmensos espacios carentes de tiempo. La fotografía contemporánea abunda en representaciones de estos llamados no lugares. Grandes lobbies, aeropuertos, interminables monoblocs en el cinturón externo de cualquier gran ciudad del mundo. El arte da cuenta de un nuevo sublime: ya no es la escala del paisaje, como pensaba Kant, aquello que nos pasma, sino la inconmensurable sensación de ubicuidad. Sentimos que estamos en todas partes y en ninguna.

Santiago Porter camina por Buenos Aires y se resiste a confundirse con la mirada indiferente o desprevenida de los transeúntes. ¿Puede la fotografía arrancar determinados edificios que fueron emblemáticos de la amnesia cotidiana? ¿Puede la vista de un sitio inhabitado evocar la historia de un pueblo? ¿Puede una imagen fija contener la fatigosa duración de la historia? Las fotografías de Santiago Porter construyen ruinas. Ya no es la simple imagen de un edificio abandonado sino de restos que pueden ser interpretados, indicios que reclaman el ejercicio de la memoria.

Santiago Porter comparó alguna vez sus tomas de fachadas con retratos: esas grietas cuentan historias como las arrugas de una cara la vida de una persona. Pero hay algo más: él logra convertir a estos monumentos impertérritos en rostros que nos miran. Lo ajeno se vuelve una otredad que apela a nuestro pensamiento. Nuestro derecho a recordar. A participar de la construcción colectiva de la historia. Finalmente, el artista despeja otro olvido que la Posmodernidad hizo frecuente: detrás de toda estética documental subyace un fundamento ético: una imagen que pueda provocar conciencia y compromiso.

Valeria González, Universidad de Buenos Aires