|
Hay demasiadas miradas puestas en lo que ya pasó. Hay un afán de revisionismo que tal vez tenga que ver con una desproporción, característica de esta época, entre la cantidad de canales de expresión, que a partir de las nuevas tecnologías se multiplican, y la ausencia de mensajes para llenar de contenido esos canales. Parece que no hay nada nuevo para decir, no hay nada nuevo para mostrar. Pero hay demasiados espacios donde manifestar esa carencia.
Y como no hay nada nuevo, los artistas salen al rescate. La vanguardia es revisar. Una consigna vacía, si las reivindicaciones no pueden salir de la melancolía; si la intención es resignada y el goce estético piadoso, el resultado será banal y frustrante.
Ahora bien, Alejandro Lipszyc salió al rescate de una realidad que persiste a pesar de los cambios de los comportamientos sociales impuestos por las tecnologías. Encaró un relevamiento fotográfico de clubes de barrio, ámbitos naturales de encuentro entre las personas en el idealizado pasado. Espacios comunes, espacios reales a contramano de la cotidiana virtualidad, que es donde la gente parece estar condenada hoy en día a encontrarse. ¿Quieres unirte al grupo? Haz click en aceptar.
¿Esos lugares ya no existen? No se puede fotografiar un recuerdo, aunque la herramienta elegida sea una Rolleiflex del año sesenta. De modo que las fotos de Lipszyc revelan el presente. Los clubes, sus perímetros, sus atmósferas, son vistos sin languidez y sin snobismo. Pone el acento en la monocromía de esos ámbitos, en el color que representa pertenencia. Pero no se regodea en la construcción de una elegía. Se planta frente a esos espacios. Dialoga con ellos, los escucha. Se pregunta si están vivos. Si resisten.
Persistir es Resistir, Fabián Mauri, curador invitado
 
|